La detección precoz de la hipoacusia, clave para la socialización del niño

Los protocolos para detectar trastornos auditivos en los bebés permiten adelantar las terapias encaminadas a fomentar el desarrollo emocional y del lenguaje en los niños afectados.

 

Oír para poder hablar. Hablar para poder socializarse. El procedimiento es sencillo, pero si en el desarrollo cognitivo de un niño falta el primero de los pasos, el resto del proceso puede fallar. Por ello, desde el año 2003 existen en España programas de detección precoz de hipoacusia infantil, con la finalidad de diagnosticar trastornos auditivos en los bebés.

 

En la actualidad, uno de cada mil recién nacidos padece sordera profunda y entre tres y cinco de cada mil tiene algún problema de audición. Poder detectar estos problemas lo antes posible es fundamental, como explica a Consalud.es Juan Ruiz-Canela, pediatra de Atención Primaria y miembro de la Asociación Española de Pediatría (Aeped): «Las alteraciones en el oído influyen en el aprendizaje del habla y el desarrollo emocional del niño, por ello el cribado de hipoacusia se realiza a casi todos los recién nacidos».

 

«Las alteraciones en el oído influyen en el aprendizaje del habla y el desarrollo emocional del niño»


Aunque el procedimiento pueda variar de una comunidad autónoma a otra, el sistema de detección temprana de hipoacusia infantil consiste en una prueba principal, denominada otoemisión. En ella se emite un sonido a través de un auricular colocado en el oído del niño y si la audición es normal, el equipo registra una señal. Esta prueba, según Ruiz-Canela se suele realizar antes del primer mes de vida del bebé, y suele ir seguida de una segunda «donde se usa una tecnología más avanzada», ya que en el resultado del primer cribado pueden aparecer alteraciones que sólo se deben a la existencia de cera o líquido amniótico en el oído.


El sistema de detección precoz también debe estar presente, según el especialista, en clínicas y hospitales privados y, en caso de que el resultado denote una posible patología auditiva del niño, la finalidad es que se le realice un seguimiento y un tratamiento, en caso de ser necesario. En ello coincide la Comisión para la Detección Precoz de la Hipoacusia, que considera que aprovechar el periodo crítico del desarrollo del niño con problemas auditivos (de cero a cuatro años) es fundamental para su proceso educativo y de inclusión social.

 

Según señala este comité en un artículo, «existen diferencias altamente significativas entre las personas sordas estimuladas tempranamente y las que han recibido esta atención específica de forma más tardía y/o inadecuada».

 

LA SORDERA, SIN CURA

 

El seguimiento constante y la toma de medidas preventivas, según Ruiz-Canela, resulta útil para que el niño pueda desarrollar habilidades comunicativas y de socialización. Si bien, como asegura el especialista, «la sordera en sí, aunque se detecte tempranamente, no se puede curar. Existen audífonos y tecnologías que ayudan a disminuirla, pero son medidas paliativas».


El especialista resalta por tanto la importancia de estos programas de detección de la hipoacusia infantil y asegura de que antes de que existieran las pruebas eran más rudimentarias. «Antes, a los seis o siete meses se exploraba la orientación del niño al sonido con una campanita para ver si oía o no. Por otra parte, otro factor de alerta era que el niño no desarrollara el lenguaje. Ahora, puede saberse desde los primeros días de vida del niño», concluye Ruiz-Canela.

 

Madrid – 28-08-2015

consalud.es

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